Discurrir actualmente sobre qué es arte, se ha convertido en todo un problema; con la inclusión en los noventas de los “nuevos medios” (la tecnología digital), el quehacer artístico se ha tornado revolucionario, pero también muy diverso, lo que dificulta su clasificación. Sin embargo, en este nuevo entorno del arte, se aprecia un nuevo panorama, donde ya no solamente las obras pictóricas o escultóricas, son dignas de ser llamadas arte, sino también hay arte en internet, en video, con “…juegos de ordenador, las cámaras de seguridad, la telefonía inalámbrica, los miniordenadores portátiles y los sistemas de navegación GPS…”
Pero la tecnología antes mencionada no define al arte, muy por el contrario es el uso de esta tecnología en las manos de los artistas lo que la convierten en el medio de expresión ideal para manifestar conceptos, ideas o cuestiones meramente estéticas. Por lo que intentar definir el arte de nuestros días resulta un acto temerario, que continuamente está cambiando, es decir, en mi opinión metafóricamente hablando, el arte es un ‘ser vivo’ que muta y cambia constantemente, la pregunta ya no es qué es lo nuevo por hacer, sino qué se puede hacer con lo ya existente; cómo producir esa singularidad, cómo elaborar el sentido a partir de esa masa caótica de objetos cotidianos.
Los artistas contemporáneos utilizan lo dado, se mueven en el universo de productos a la venta, los mercados de pulgas y la reutilización de pedazos de programas televisivos o películas preexistentes (véase en youtube Apoohcalypse Now de Artemio Narro), dando como resultado expresiones artísticas asombrosas y “nunca antes vistas” desde esa nueva óptica (la apropiación), el artista se convierte en lo que Bourriaud llama: semionautas, producen recorridos originales entre los signos, donde crear es —como diría Duchamp— insertar un objeto en un nuevo escenario, considerándolo como un personaje dentro de un relato.
Así tenemos que “La obra de arte contemporánea no se ubicaría como la conclusión del <proceso creativo> (un ‘producto finito’ para contemplar), sino como un sitio de orientación, un portal, un generador de actividades. Se componen combinaciones a partir de la producción, se navega en las redes de signos, se insertan las propias formas en líneas existentes.” Es decir, la linealidad del arte se pone en entredicho, ya no necesariamente hay un principio y un final, sino que el arte adopta un carácter rizomático, donde una obra no termina, sino que tiene la posibilidad de expandirse, el proceso creativo continúa, se ramifica.
Chris Jordan - Running the Numbers, Gyre (2009)
“…2.4 million plastic bottles"

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