viernes, 22 de marzo de 2013

El Mercado del Arte

                                            Damien Hirst/For the love of God


Las exposiciones. Las obras sobre intelectualizadas, el discurso que justifica cualquier ocurrencia. Y entonces, está el público, el que tiene cientos de preocupaciones; el taxista, el albañil, el herrero, el vendedor ambulante. El mundo real donde lo importante es la sobrevivencia, la chamba, llevar la lana a casa y demás; no les interesa si eso es arte o no, les vale madres, lejos de lo que pueda ser la “comercialización del arte”, de ese parámetro que es a veces lo que consideramos como arte porque nos lo vende una galería bajo un concepto, un discurso de una persona que supuestamente sabe y que es un absoluto patán. El mero hecho de tratar de vendértelo, ya se está volviendo un mercenario. Le está poniendo un precio y tiene que convencer a la gente de que eso vale. Es el mercado del arte, cotiza en la bolsa de valores.

¿Pero por qué? Porque los involucrados le están dando un valor, un valor monetario, te están diciendo que eso vale bajo ciertas circunstancias. Hay piezas que se cotizan en millones de dólares, el cuál no es un valor real, sino comercial. Ninguna pieza vale tantos millones, es una locura y una maravilla en el sentido de que ves al estúpido comprando. Pero es gente que tiene el dinero y dice bueno vamos a darle a este artista que me está diciendo este wey (el galerista) que está bien, pero este tipo como galerista se va a llevar su varo. Y además alguien más, el asesor, te está diciendo que esa obra en tantos años va a valer más. Te están vendiendo la idea. Yo llego con un cabrón y le digo: Te vendo esta casa. Ah, pero mira, tiene baño, y esta otra tiene dos baños, y está ubicada en buen lugar, y en tantos años se va a incrementar el valor del terreno por esto, esto y esto. Le estoy vendiendo una idea con la posibilidad de que pueda ser real, pero que de entrada es falsa porque en la realidad le estoy vendiendo algo que se está devaluando, que se está deteriorando. Y eso es en cualquier obra de arte. Hay cabrones que le tienen que dar mantenimiento, hay gente que estudia esas madres para que lo dejen como nuevo. Las obras renacentistas cuanta mano no han tenido, pero tienen valores agregados; el proceso histórico y aparte el institucional.

                                                  Martín Ramírez/Courtyard

Pero no todo es falso en el arte contemporáneo, tiene artistas intachables; como Kooning, como Rothko. Etc. Ellos no lo hacían, y no lo pensaban, estoy de eso casi seguro, con el único fin de vender la pieza. No. O no hubieran logrado eso, no hubieran hecho esas obras. Ellos estaban metidos más en un pedo reflexivo, en un pedo interno de cuestionamiento. Y obvio, ya cuando logran sintetizarlo en la obra te causa una sensación, y te cuestiona y te enfrenta. Y la prueba es que te quedas horas ahí viendo la obra, involucrándote. Un claro ejemplo es la obra de Martín Ramírez. Él jamás pensó en vender ni en el reconocimiento, y ves su obra y te quedas de no mames. Te conmueve un chingo.

En el Reina Sofía tuve la oportunidad de ver la obra completa de Martín Ramírez, le decía a un cuate que me acompañaba que a mí me parece brutal este arte de la represión que le llaman, como Enrique Guzmán o Martín Ramírez. Y cuando vi la obra de Martín Ramírez me dije esto está bien cabrón, es un tipo indígena que emigra a Estados Unidos y se topa con una situación totalmente diferente, termina en un psiquiátrico. La obra de Martín emerge de esas ausencias, escupe esas líneas topográficas que tienen movimiento, que son tan esenciales. Esos trenes que se ausentan, que te dejan esa tristeza. Ese caballito naif, ese charro perdido. Y eso con qué lo hace, son hojas de papel barato que pegaba meticulosamente en una mesita para crear formatos de gran tamaño. Maravillas a base de líneas con una fuerza increíble que te están diciendo que algo pasa. Eso es arte. Los putas alumnos de la Facultad gastan un chingo de pintura en un chingo de papeles, un chingo de dinero y jamás van a llegar a eso.

Para que alguien que no es artista te logre eso de entrada lo entiendo, porque el que quiere ser artista está contaminado con que quiere lograr el éxito y desde ahí la empieza a cagar, comienza a crecer todo ese ego y el pedo de las galerías, de las entrevistas, de los “wow, está bien chido wey” de sus cuates, los apapachos de los maestros, le dan en la madre. Esa vanidad que no es mala en dosis pequeñas, incluso podría ser una virtud, pero te absorbe. Es un monstruo que te absorbe. Acabas pensando en la puta galería, en los reconocimientos. Entonces esos cabrones que fueron la escuela del arte contemporáneo realmente no esperaban tanto, y todo el reconocimiento llegó con el tiempo, pero yo no me imagino a un Rothko pensando en mostrarle el cuadro a sus amigos y decir “¿Está bien mi cuadro, qué te parece, está chido?”. Si no llegar y no mames es una cosa que vi y pum, le di un puto embarrón, y pum, otro, es visceral. Sin embargo eso no quiere decir que no piensen, lo tienen asimilado, y reflexionado. Si le preguntas que está haciendo te da una respuesta sólida, una lectura inteligente, no busca a alguien que le resuelva, que le de el discurso de lo que está haciendo. Esa es la diferencia abismal entre un artista y un charlatán. Por eso no pueden ser artistas, no es que tenga algo en contra de ellos, es que los absorbe ese ego, y más estando chavos, no se dan cuenta de que en la sencillez está la grandeza. En la ausencia reflexiva la obra se desmorona sola. Podrán obtener todas las becas que quieran, todas las exposiciones que quieran, toda la venta que quieran, y podrán vender bien pero nunca van a llegar a ser artistas. Eso te hace un comerciante. Y está bien, si lo único que buscas es vender. Pero tienes que ser honesto y aceptar que eso no te hace un artista, que no puedes llegar a serlo. Artistas hay muy pocos, en el mundo. Habrá cabrones que los ves con técnica y que pueden ser hiperrealistas, pero dentro del hiperrealismo no todos son artistas. No se trata solamente de técnica. No dudo que dentro de la Facultad de Arte haya gente que se salve, pero hay teóricos que llegan a resultar enfermizos por su obsesión de justificar las obras de los alumnos, obras que son simples ocurrencias, chistes de mal gusto, pero que nos intentan vender como arte a través de discursos que aparentan coherencia. Y no es nada más que una mediocridad tajante, estamos llenos de esas madres. Es como en la arquitectura, el hecho de que construyas un edificio no te hace un buen arquitecto. Puedes tener una casa pequeña que cumpla con parámetros que la hacen mejor que un gran edificio. Y sin embargo todos queremos hacer el gran edificio. ¿Por qué? Porque implica billete, implica más gasto, la van a ver más. Y la casita hedionda no la van a ver, pasará desapercibida. Esos son los grandes errores contemporáneos. Es el mundo hecho un desmadre, que camina directo al vacío. El hecho de que te salgas significa un compromiso, y a la gente no le gusta comprometerse. A la hora que le cuestionas a un creador el por qué de su obra te va a dar un rollo medio cuatrapeado, porque tiene idea de lo que quiere hacer, pero al no estar maduro es así como tache. No valió. Piénsale. A lo mejor no todo tiene que tener un por qué, pero debes tener una visión estética. Son situaciones que se deben cuidar al máximo, claro, si se tiene el compromiso de llegar a ser artista. La otra es el creértela. El artista debe tener una dosis de humildad y de arrogancia. Son pedos más personales, de saber ubicar tu obra en el lugar y nivel que le corresponde. Picasso y Dalí eran arrogantes, pero era una arrogancia aunque suene paradójico, humilde. Porque su trabajo era completamente sólido. Pero los estudiantes de arte copian la arrogancia sin sentido. Me imaginó al puta Dalí con toda su extravagancia, su presencia, aparte de su trabajo era el mismo ya un personaje, estaba creando el mito. Tenía peso. El tipo no dejó ni un cabo suelto, había tanta inteligencia en todo su puta mundo que no podía haber existido de otra forma. En México, salvo Orozco y dos ó tres más, nadie se salva. Incluso el mismo Orozco con la calavera que pintó, le preguntaron que qué pedo con eso, y nada más la pintó. Y se viene la avalancha de lecturas, que la muerte, y la identidad, etc. Una necesidad de sustentar esa madre para la venta, para que esté en una galería. Él la hizo y bien pudo haber dicho pus quítenla. Y no pasaba absolutamente nada. Pero es el valor del mercado, una calavera que el mismo artista sabía que valía madres, pero si con eso le dieron billete, contemporáneamente quién le dice que no al billete, quién le hace el feo. Estás viviendo en una realidad económica, mercantil. Y si con su obra pueden vivir bien, está bien, yo lo haría. Marín, por ejemplo, me gusta el artista y su casa. El tipo tiene una obra de carácter decorativo, porque te pone unas instalaciones poca madre pero ves que es un tipo rico, que tiene buen gusto, y que mete sus exposiciones en lugares donde va gente de varo y bueno, sus torsos y demás como muy clásicos no se ven mal. Y vende, y vende muy bien, tiene una casa muy bonita y él es un galán. Y dices, tiene todo regalado. Pero no es un artista atrevido, que es muy diferente. Y sin embargo él no tiene la arrogancia de la pose. Encontró algo que pegó y le resultó bien, vende bien, y hay cosas que las tiene chidas. Pero no es algo así como que vaya a trascender, y claro también para esa trascendencia necesitas ver mucha paja, y dentro de esa paja vas a encontrar sólo un par de cosas buenas.
Pero los estudiantes de la facultad están felices porque salieron en el catálogo y ya están vendiendo, y les aplaudieron, hubo brindis. De entrada, les diría a todos los estudiantes de arte que se bajen de su nube, porque jamás llegarán al MOMA. Que se dejen de chaquetas mentales y se comprometan con su trabajo, sin esperar nada a cambio. Menos brindis y más trabajo. Menos pose, y más esfuerzo. El arte sobrevivirá, la mediocridad jamás. 

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